4/2/2026
Durante años, la reacción habitual ante un conflicto empresarial era relativamente clara: si una negociación fracasaba, el siguiente paso consistía en acudir al juzgado. Sin embargo, el escenario ha cambiado de forma significativa. La reciente reforma procesal introduce un principio que transformará la forma en que las empresas gestionan sus conflictos: antes de demandar, ahora es obligatorio intentar una solución extrajudicial.
En la práctica supone que muchas reclamaciones civiles y mercantiles no podrán plantearse directamente ante los tribunales sin haber intentado previamente un mecanismo adecuado de solución de controversias (MASC). En otras palabras, la negociación deja de ser una opción estratégica para convertirse en una fase necesaria del conflicto.
Hasta ahora, muchas empresas utilizaban la demanda judicial como instrumento para forzar una negociación. La interposición del procedimiento generaba presión suficiente para provocar acuerdos. Con el nuevo marco, esa lógica cambia: la negociación debe producirse antes de que exista el procedimiento judicial. Si no se acredita que se ha intentado una vía extrajudicial adecuada, la demanda puede encontrar dificultades desde el primer momento, e incluso no ser admitida a trámite.
Esto obliga a replantear la estrategia jurídica. Ya no basta con enviar una reclamación formal o iniciar un intercambio de comunicaciones. Lo relevante es realizar un intento de resolución del conflicto que cumpla con los requisitos que exige el nuevo sistema.
El error más habitual: enviar comunicaciones que no sirven
En la práctica empresarial es habitual que, ante un conflicto, se envíe un burofax o una reclamación formal redactada de forma rápida, muchas veces sin una estrategia jurídica clara. El problema es que, en el nuevo escenario, no todas las comunicaciones sirven para acreditar el cumplimiento de los MASC. Una reclamación mal planteada puede no cumplir los requisitos necesarios y obligar posteriormente a repetir todo el proceso previo antes de poder acudir al juzgado.
Esto genera dos consecuencias frecuentes:
- Retrasos innecesarios en la interposición de la demanda,
- Incremento de costes al tener que reiniciar la fase previa de negociación.
Por este motivo, cada vez resulta más relevante que la gestión del conflicto se plantee correctamente desde el primer momento.
Una reclamación bien planteada desde el inicio puede:
- Cumplir correctamente con los mecanismos de solución extrajudicial,
- Generar presión negociadora real,
- Delimitar el conflicto con precisión,
- Y preparar el terreno para un eventual procedimiento judicial.
Por el contrario, una actuación improvisada puede debilitar la posición de la empresa o alargar innecesariamente el conflicto.
En este nuevo contexto, contar con asesoramiento jurídico desde el primer momento se vuelve especialmente relevante.
No se trata simplemente de enviar una reclamación o un burofax. Se trata de diseñar correctamente la fase previa al litigio para que cumpla con los requisitos legales, refuerce la posición de la empresa y permita, si es posible, resolver el conflicto sin necesidad de acudir a los tribunales.
Si tienes un conflicto legal, es el momento de actuar
Muchas empresas todavía no han valorado el impacto real de este cambio en su forma de gestionar conflictos. Sin embargo, en el nuevo escenario procesal, la forma en que se gestione el problema desde el primer momento puede marcar la diferencia.
Para ello puedes contar con TAX LEGAL, con abogados especializados en litigación civil y mercantil y en la gestión estratégica de conflictos legales. En muchos casos, una correcta estrategia desde el inicio puede evitar litigios innecesarios o permitir afrontarlos con mayores garantías.
Marta Pérez
Abogada de TAX
mperez@tax.es