Después de un 2020 donde todo, absolutamente todo, se vio parado a raíz de la pandemia, después de un 2021 donde a pesar de recuperar parte de la actividad social y empresarial todavía fuimos a remolque del Covid, y después de un inicio del 2022 prometedor pero marcado todavía por un escenario de alta incertidumbre por la sexta oleada, la crisis logística a nivel mundial y ahora más recientemente la guerra entre Rusia y Ucrania, merece la pena que las empresas hagan un “pit-stop” como en la Fórmula 1 para hacer un estado de situación y evaluar los daños ocasionados hasta el momento y realizar un planteamiento del futuro a corto y a largo plazo.

Por eso, toda empresa tiene que tener unas herramientas que le permita tomar decisiones basadas en datos reales y no solo en intuiciones (a pesar de que en muchas ocasiones sean ciertas). Para simplificar, el objetivo final de una empresa tiene que ser ganar dinero y para conseguirlo el empresario tiene que estructurarlo para que así sea. Las herramientas que pueden ayudar a lograrlo, y lo que acaba definiendo a una empresa, es un presupuesto, una cuenta de resultados y un balance. Este tiene que ser el punto de partida de todo empresario.

Confeccionar el presupuesto del ejercicio debe ser imprescindible y tiene que reflejar los objetivos del año con una previsión de los ingresos y de los gastos de la forma más detallada posible (por centro de coste, por tienda, por área de negocio,... en definitiva, detallado para que al empresario le sea útil para ver la evolución de su negocio). Este documento debería elaborarse previamente al inicio del ejercicio, a pesar de que nunca es tarde para hacerlo. El presupuesto será a partir de este momento y durante todo el ejercicio el referente porque será el termómetro de la actividad con el que comparar la cuenta de pérdidas y ganancias reales. El seguimiento mensual o trimestral de la realidad con el presupuesto debe convertirse en una tarea obligatoria para que el análisis de las desviaciones tanto en la parte de ingresos como de gastos, ayudarán a la toma de decisiones y en caso de ser necesario hacer los cambios convenientes para enderezar el rumbo.

Otro tema a tener en cuenta es que la cuenta de resultados tiene que reflejar una imagen fiel y transparente, evitando en todo momento la mezcla de temas empresariales y personales porque, como hemos mencionado anteriormente, la finalidad es ver si se obtienen o no beneficios de esta actividad empresarial. Esto significa que debe haber una correcta imputación de costes a la cuenta de resultados de la empresa puesto que en determinadas ocasiones se cometen asignaciones erróneas como por ejemplo que los socios-trabajadores se asignen un salario “fuera de mercado”, que los gastos imputados no estén relacionadas al 100% con la empresa,...

Y a todo esto, se le añaden nuevas reglas del juego y nuevas tendencias que han acelerado la pandemia, sobre todo aquellas relacionadas con la transformación digital y con nuevos escenarios relacionados con el personal y la conciliación vida personal-profesional (flexibilidad horaria, teletrabajo,...). Quien no lo haga se arriesga a quedarse fuera la carrera.

Desde TAX Economistas y Abogados este es un planteamiento que llevamos al pie de la letra, que aplicamos a nivel interno y que animamos a todos a nuestros clientes a hacerlo, sea qué sea su volumen, forma jurídica o sector.

 

Albert Güibas

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Adjunto a Dirección

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