Este último año 2020 ha sido un año que ha puesto patas arriba gran parte de los principios en que se basaban nuestras libertades personales, relaciones sociales, laborales y económicas. La aparición de una pandemia sin precedentes ha cuestionado la sociedad íntegramente.

Los efectos sobre la sociedad y la economía han sido catastróficos. En un primer momento, se pensó que, con una actuación decidida, los efectos sobre la
economía y sobre las personas sería limitado y una recuperación en forma de V sería inminente.

Sin embargo, después de un periodo de confinamiento total los meses de marzo, abril y mayo del año anterior, se pasó a una desescalada en los meses de verano.

Posteriormente, y vistas las consecuencias, se volvió a limitar la movilidad para evitar un nuevo colapso sanitario que deja la economía en estado crítico, puesto
que no habían podido recuperarse todavía de los efectos de la primera parada de la actividad.

Las cifras finales no dejan lugar a dudas: reducción del turismo un 85%. Incidencia directa en sectores de transporte, comercio, hostelería, restauración, etc. Todo esto,
en un país en que este sector tiene un peso de aproximadamente un 15% sobre el total de la economía. Caídas del PIB del 12% a finales de año. Descensos de
ventas del sector automovilístico un 35%. Déficit que llegará a cifras del 20 al 25% del PIB.

Ante esta situación, se requiere un liderazgo claro y contundente por parte de las administraciones. ¿Se ha dado este liderazgo? Veámoslo.

En un primer momento, se opta por poner a disposición de la economía 75.000 millones de euros vía créditos ICO con garantía del Estado. La finalidad era
incrementar la liquidez del sistema para garantizar la supervivencia. Sin embargo, se dejaron en manos del sistema financiero. Esto dio lugar al hecho que muchas
entidades cambiaran deuda existente hasta el momento con un nivel de garantía concreto porrenovaciones de líneas de crédito con garantía estatal. Por lo tanto, no se dio un incremento en la liquidez.

Las administraciones disponen una serie de ayudas a los autónomos y pequeñas empresas que son insuficientes. Si comparamos las medidas adoptadas en España con otros países como Alemania (ayudas directas del 75% del total de los costes) nos daremos cuenta de la diferencia. No parece, por lo tanto, que sea suficiente con estas ayudas. En consecuencia, las previsiones de recuperación son muy diferentes en función del país que se trate.

Paralelamente, la Comunidad Europea pone a disposición de sus miembros un plan de ayudas. 750.000 millones de euros repartidos entre ayudas
directas y créditos a los países miembros. Estas ayudas están condicionadas a unos requisitos estrictos para evitar situaciones vividas en el pasado. Las ayudas van
vinculadas a proyectos de digitalización, economía circular, eficiencia energética, mejora de productividad, etc. Sin embargo, los sectores más afectados, como el
turismo o la restauración, lo que necesitan son fondos para sobrevivir, no para cambiar su modelo económico.

La reciente aprobación de los presupuestos marca una tendencia de mayor gasto público, pero acompañada de un incremento de la presión fiscal. No parece que sea la mejor solución para enderezar la economía productiva.

Por todo esto, no parece que haya habido el liderazgo que requería la situación.

Existen pero una serie de indicadores que nos tienen que llevar al optimismo: el sector industrial y el sector de la construcción resisten más bien de lo que era
previsible. Hay una gran capacidad de adaptación de los trabajadores, con nuevas modalidades ─teletrabajo─. Así también, hay un incremento del ahorro en parte de
la población.

La aparición de las vacunas apunta una solución. Es probable que una vez el sector sanitario se estabilice se produzca un repunte muy importante de la economía
española. Esperamos que sea suficiente y no sea demasiado tarde.

 

Alfonso Porro
[email protected]
Socio-Director de TAX Barcelona Paseo de Gracia

 

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