Solemos escuchar que cuántas más horas de trabajo, más productivos somos. Pero ¿es eso cierto? Hay un nuevo modelo de jornada laboral que está revolucionando la gestión empresarial. Se trata de la semana laboral de 4 días.

Este nuevo modelo consiste en redistribuir la semana laboral para que quede repartida en sólo 4 días de trabajo y 3 de descanso. Con esto, la jornada se podría alargar hasta 10 horas por día o bien reducir el número de horas semanales para obtener un día extra sin tener que ir a la oficina.

BENEFICIOS

Este modelo se basa en ofrecer una mejora en la calidad de vida a los trabajadores. Aspira a darles un mayor equilibrio emocional que repercuta en una mejora del clima laboral. Los trabajadores con una vida laboral mejor conciliada con la personal y la familiar deberían tener las ideas más claras, menor estrés y mejor interacción con sus compañeros. La consecuencia es tener un empleado con mayor interés por su trabajo e insertado en un ambiente más agradable, humanizado y motivado.

Además, idealmente, el empleado estaría incentivado a realizar, durante su tiempo libre, actividades que incrementen su productividad, como las que tienen que ver con la salud, la cultura y la formación.

Otro efecto es el de un empleado mucho más productivo. Hay menos tiempo para sacar adelante las tareas pendientes y hay que tener mayor responsabilidad y sentido práctico.

Otra ventaja es la rebaja en los costes de desplazamientos al trabajo, que se reducirían un 20%, ya que se pasa de 5 a 4 jornadas laborables.

AMENAZAS

Es evidente que aumentan los niveles de presión al trabajador para completar el trabajo de cinco días en cuatro. La carga de trabajo continúa siendo la misma, pero los empleados cuentan con menos tiempo.

Es una medida complicada de aplicar para aquellos que trabajan con fechas de entrega límite, empresas donde el trabajo varía según la época del año, negocios estacionales …

Un problema claro son los horarios de apertura del centro de trabajo. Se puede cerrar ese día adicional de descanso, pero lo lógico es la creación de nuevos turnos.

Estos nuevos turnos suponen asumir mayores costes de relevo. Cada vez que un empleado deja su puesto pueden existir tareas pendientes y cabos sueltos que hay que explicar y comprender. Sin embargo, la búsqueda de soluciones que mantengan la coherencia de la actividad puede ser un reto organizativo muy enriquecedor.

¿LOS JEFES TRABAJARÍAN TAMBIÉN CUATRO DÍAS POR SEMANA?

A ellos les corresponde buena parte de las decisiones más delicadas ante imprevistos. Que puedan delegar en otros empleados es una muestra de confianza y de que la estructura organizativa responde muy bien.

Sin embargo, en muchas empresas existe un elevado grado de dependencia de una o varias personas clave y su ausencia es un problema.

De hecho, buena parte de los directivos no acaban nunca de desconectar. Atienden tareas profesionales mientras desarrollan actividades cotidianas o en sus momentos de ocio y vacaciones.

De hecho, la cuestión que más inquieta a la mayoría de los empresarios es que ese tiempo libre adicional de sus jefes acabe por abrirles vías profesionales fuera de la empresa. El miedo a la fuga de talento es, por ello, uno de los principales obstáculos a la semana de cuatro días laborables.

En fin, yo creo que, sin ser un modelo fácil ni 100% aplicable a todas las organizaciones, veremos su implantación lenta pero paulatina, como está pasando ya en países económicamente más avanzados.

 

Jordi Llach

Socio-Director de TAX

[email protected]
 

© Tax 2020 - Todos los derechos reservados

{-- !! FnxSocial::whatsappchat('608 741 883') !! --}