A pocas semanas de la fecha prevista para la salida del Reino Unido de la Unión Europea es difícil predecir cómo esta se va a producir, y todos los escenarios parecen posibles. De entrada es difícil concretar la forma del verbo, futuro o condicional.

Otro punto serán/serían las consecuencias económicas futuras resultantes porque nadie duda que el Brexit conlleva efectos negativos para ambas partes con independencia, repito, de cuál sea el escenario final.

Centrándonos en la fiscalidad, es indudable que el Brexit tendrá efectos tanto desde el punto de vista de la imposición directa como indirecta. 

Así, en la directa, la salida del Reino Unido de la UE implicará que se dejen de aplicar las directivas comunitarias y se aplique un convenio para evitar la doble imposición. Este prevé, entre otras cosas, la no tributación en el origen de los pagos de intereses y cánones, así como de los dividendos, siempre que la participación en la filial sea superior al 10%. 

Además, el tipo de gravamen general aplicable a los no residentes dejará de ser el 19% comunitario, pasando a ser del 24% sobre el importe bruto, ya que los gastos no serán deducibles, a no ser que haya un establecimiento permanente en España.

En cuanto a la imposición indirecta, tendrá un impacto directo en los intercambios de mercancías entre ambos territorios, que dejarán de tener la consideración de operaciones intracomunitarias, pasando a ser consideradas operaciones de comercio exterior (importaciones/exportaciones), lo que significa la desaparición de la neutralidad en IVA, de tal manera que los intercambios de mercancías quedarán sujetos a la imposición de medidas arancelarias.

Es importante reseñar que, además, estos intercambios se verán afectados por los llamados controles en frontera fiscales y no fiscales, entre otros; sanitarios, farmacéuticos, fitosanitarios o veterinarios, lo que supondrá un aumento en los costes logísticos. 
Este efecto se acentúa si lo aplicamos a bienes sujetos a los Impuestos Especiales, como el tabaco, los hidrocarburos o el alcohol, que estarán sujetos a tributación en el país de destino sin poder aplicar el régimen suspensivo, el cual permite diferir la tributación hasta el momento en que tiene lugar el consumo de los citados bienes. 

Por si fuera poco esto, en el ámbito del Impuesto sobre el Valor Añadido, cabe apuntar las dudas que se suscitan en materia de devolución de las cuotas del Impuesto soportadas en uno u otro territorio por los empresarios o profesionales no establecidos.

En definitiva, existen áreas que deben ser objeto de análisis y evaluación por parte de todas las empresas afectadas. En TAX recomendamos evaluar la cadena de suministro y valor, la operativa y los procedimientos internos en vigor y analizar las áreas que puedan verse afectadas por el Brexit, sea cual sea el desenlace final.


Jordi Llach
jllach@tax.es 
Socio-Director de TAX – Economista - Gestor Administrativo – Experto Contable Acreditado

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