La primera instrucción o requerimiento que recibimos los asesores de nuestros clientes es la de reducir la carga impositiva. ¿Pero qué entendemos que incluye esta definición? Tenemos que pensar tanto en los pagos a realizar a las haciendas estatales, pero también a las autonómicas, sin olvidar, las locales y a los organismos de la Seguridad Social. Esta diversidad de administraciones la debemos tener muy en cuenta. No tenemos que preocuparnos, exclusivamente, por la tributación que debemos realizar en concepto de IRPF, Sociedades, IVA y Seguridad Social, (de forma periódica; mensualmente, en muchos casos). Recordemos, de forma rápida, que el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales o de Donaciones y Sucesiones puede implicar también cifras e importes significativos (y su tarea de recaudación corresponde a las Comunidades Autónomas). A los ayuntamientos (por la vía de las « Plusvalías municipales » y los IBI’s) se les termina, también, transfiriendo cifras que no debemos menospreciar, si queremos una visión que vaya más allá de un ejercicio concreto. Podemos concluir, por tanto, que el objetivo de reducir la carga impositiva no la tenemos que limitar a la Hacienda estatal y la Seguridad Social. Pero siendo importante no es lo que más.

Lo más relevante, a la hora de gestionar el ámbito fiscal y tributario y las cotizaciones de una empresa, una persona o un grupo es relacionar la/las actividad/es que lleva/n a cabo e identificar las obligaciones a cumplir. A partir de aquí es imprescindible la valoración para concluir si es posible (o si existe la voluntad de) cumplirlas de forma rigurosa o, si de lo contrario, se decide asumir un determinado nivel de riesgo (que, obviamente, será necesario cuantificar para que, en ningún caso, en el supuesto de comprobación o inspección por parte de las administraciones, la continuidad del negocio se pudiera ver comprometida). Puede parecer un discurso etéreo o filosófico pero la presión de las Administraciones Públicas (en los diferentes ámbitos) tiene un afán recaudatorio que, demasiado a menudo, pone a las empresas y las personas en situaciones difíciles, complicadas, desde una vertiente económica y financiera. Resumiendo: lo primero y más importante que debemos realizar es comparar lo que estamos realizando con aquello que deberíamos hacer, con estas diferencias deberíamos cuantificar las potenciales problemáticas (contingencias) con las que pudiéramos encontrarnos. ¿Es asumible? ¿Podemos reducir estas cifras? ¿Cómo sería posible? Este ejercicio debemos realizarlo de forma periódica. Si pensamos en los conceptos de auditoría fiscal o laboral el planteamiento, indudablemente, nos parecerá mucho más familiar.

Ejemplos de nuevos criterios, con los que, hasta ahora, no nos habíamos topado y que han ocasionado contingencias: exigir la prueba de la necesidad de un gasto para obtener los ingresos de una determinada actividad empresarial, con la finalidad de aumentar la base imponible y, por consiguiente, la cuantía a pagar en concepto de Impuesto sobre Sociedades.

Otra de las situaciones que puede dar motivo a liquidaciones es la necesidad de aportar los documentos y los registros contables que justifiquen las bases negativas de la compensación que queramos aplicar. Existe la creencia muy extendida de que las facturas se tienen que guardar 4 años y este hecho, juntamente, con la posibilidad de poder compensar bases imponibles negativas sin restricción en el tiempo, puede originar problemas diversos. La deducción del IVA, en un 100 % y la correcta aplicación de la prorrata, cuando existen diferentes actividades, sujetas a regímenes distintos, es también fuente de liquidaciones paralelas.

Finalmente, debe llevarse a cabo un seguimiento continuo, las empresas crecen o evolucionan y, por ello, realizar un estudio anual (o check-list, si queremos llamarlo de otra forma) de las mismas es crítico, fundamental e imprescindible. Además, la normativa, a todos los niveles, no deja de cambiar. También lo hacen los criterios que aplica la Administración y la jurisprudencia que, a favor o en contra, se va publicando. Cuando hablamos de seguimiento nos estamos refiriendo a reuniones periódicas, en las que, más allá del día a día, se presenten sobre la mesa proyectos y previsiones para poder, desde el ámbito del asesor de empresa, optimizar riesgos y costes, minimizando los aspectos negativos y maximizando todo aquello que sea positivo. En TAX Economistas y Abogados las denominamos reuniones calendarizadas.

Francesc Pérez
fperez@tax.es 
Socio Director de TAX

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